La secuencia del swing

En el deporte del golf podemos ver físicos muy diferentes unos de otros. Desde jugadores con cuerpos fuertes y fornidos hasta jugadores delgados y estilizados. Pero, entre todos los golfistas, hay una cualidad en común: una excepcional capacidad para coordinar de manera eficiente el movimiento del cuerpo.

Un swing de golf implica la sincronización de una cantidad enorme de músculos. Para conseguir un vuelo de bola potente y preciso se necesita que esta sincronización sea exacta, ya que un ligero cambio en la secuencia puede arruinar por completo el movimiento.

La parte principal es el giro de la cintura, en la cual los abdominales, el dorsal mayor y los músculos oblicuos entran en acción para desgirar el cuerpo desde lo alto del backswing. Según el cuerpo hace la transición al downswing, el abductor izquierdo (en el caso de los diestros) ayuda a cambiar el peso hacia el objetivo. Mientras el palo baja con velocidad hacia el suelo, los cuádriceps trabajan para estabilizar las rodillas y la pelvis. Después del impacto, los pectorales ayudan a tirar del lado derecho del cuerpo, mientras todo el cuerpo se mueve hacia delante.

Toda esa secuencia dura un instante. A veces, todo eso ocurre con la precisión milimétrica del mecanismo de un reloj y, al levantar la vista, podemos observar una trayectoria que se dibuja desde nosotros hasta la bandera, con una ligera curva que parte el cielo en dos mitades. Pero la mayoría de veces eso no ocurre. En ese caso, en el siguiente golpe tendremos una nueva oportunidad para remediarlo.

La complejidad de este deporte hace que cada swing sea un reto y cada hoyo un desafío al que enfrentarse.


Artículo inspirado en La anatomía de la potencia, de Ralph Simpson y Ron Kaspriske, publicado en Golf Digest nº 68 (noviembre 2003).